Yo la conocía de antes. En ese entonces era otra. Una que no recuerdo bien, una que, llanamente, no recuerdo (quién)
Yo la conocía de antes y debí haber sabido que sería así. Que sería muchas hasta que la encuentre… Sería muchas para que tal vez la encuentre… Ojalá la encuentre
Yo la conocía de antes. Fue distinta y me sonrió, se burló, me atacó, me ignoró, me besó. Fue distinta pero pude reconocerla: el impacto del color del fuego es inconfundible.
Yo la conocía de antes, y sin embargo no se nada de ella.
Me encandiló con simpleza, a mí que soy un todo enredado. La sonrisa es sonrisa, parecía decirme sin detenerse a explicarlo. Pensé en la lluvia. Ella pintaba. En sus consecuencias. Su cielo naranja. Lo mejor sería... Sospechó mi mirada. Mis palabras estratégicas. Y sonrió.
Quise besarla, pero las circunstancias… Y ya ella camina, lejos.
No me olvido de tu ausencia, aunque no me veas renegar. El jardín que me llevó hasta vos tenía una inscripción en la entrada, y era advertencia. Eso es una parte, tampoco me conformo. De día y de tarde busco tu voz en el cielo, y me siento cada tanto mirando ahí por donde te fuiste. Es lindo saberte viajando, pero más saberte volviendo.
Greta se desvanece y vuelve a aparecer, se esfuma con las últimas notas de una melodía melancólica. Pero no se extingue, vuelve en sí mucho antes de la siguiente canción. No es una cualidad triste el desaparecer, tampoco es la única. Es la forma de recordar que las cosas no son eternas, es la forma de recordar lo hermoso de cuando están.
Cuando había contra qué era fácil apuntar. El pulso firme y la convicción al mando. Los otros pueden ser muertos en dignidad cien veces, incluso mientras son amados.
Cuando los demás quedan excusados, cuando no hay quién para condenar, se esfuma la altanería: ponerse uno mismo de frente al pelotón no es tan simple. Uno quisiera fusilarse por lo imbécil, y al mismo tiempo se da pena por lo cobarde y miserable.
Dame a alguien más para ajusticiar, o una razón para el alto el fuego.
Porque nos amamos (eso ya quedó pactado) establecemos un sistema circular que nos guarde de todo peligro: - Yo seré un idiota, vos me salvarás - Yo viviré desorientado, vos me mostrarás los caminos. Y cuando ya esté andando solo, caeré de nuevo perdido para que me vengas a buscar - Mis esperanzas serán siempre las tuyas - Sueños no tendré ni uno por fuera tuyo. Cada vez que esté lejos tal vez los busque en otros ojos, pero no tardaré en arruinarlo - Avanzar implica dejar. Más vale amémonos sólo acá
En el punto ciego de la tristeza me escondo, Sobre una vara de punta, con los pies firmes, firmes a un paso de caer. Los ojos cerrados no me impiden transformar en palabras. ¡ay! cuando los abra...
El día que hacía años no festejabamos, porque el corazón quedó mudo. Hoy, el mismo día, con el grito ahogado de lágrimas imposibles, volvió a latir ensordecedor.
- Se establece el carácter inamovible de los sentimientos declarados - Toda declaración posterior será aceptada o rechazada en tanto concuerde con la inicial - Las partes se abstendrán de cualquier intento de percibir los reales sentimientos actuales, y sobre todo de pensar sobre ello. - La parte afectada por el incumplimiento del punto anterior podrá • infundir el temor de la infelicidad que genera lo incierto • mentir lo mas inútilmente posible • recurrir y acentuar las debilidades del otro, y mostrarse como salvación todo sea en resguardo de la sana relación - No se hable más
Hasta en el tejido más intrincado de mis sueños, ciertas imágenes se vuelven nítidas. Son imágenes idéicas, con visión difusa y convicción certera. Son geniales o una perdición.
Hoy, un haz apenas perceptible de aquellos tiempos que parecían lejos, generó un chispazo que incendió mi cielo. La casa en llamas, y yo plácidamente dormido como para hacer algo.
No quiero saberlo. No seas cobarde, no me lo digas y te quedes todavía a mi lado. Te pregunto hace cuánto, no me vuelvas a contestar. Me obligás a pensar cuántas veces dormimos juntos, los tres. Quién sabe cuántas veces no fui yo. Y da igual lo poco que lo hayas tocado, si a mi piel le pensaste otro nombre. Ahora está sucio mi cuerpo (y mi ego) ¿es que nunca me aceptaste imperfecto?. O fue peor: siempre completaste al otro con un poco de mi.
Tan poco duró... y no es el tiempo en verdad, no quería saberlo.
Jimena, atrevida, pateó un pedestal que consignaba orden. Se afirmó sobre sus pies, y esperó que el caos invada el ambiente. Ella no es temeraria: se rebeló contra los pasos ya sabidos (insípidos), se animó a apostar. La tentó la infinita posibilidad, inciertas ganancia y pérdida. Confió en su arte y amor, doble alma del cosmos. Preguntale si es mejor así, si es más feliz. Dudo que te responda, pero tal vez te regale una flor de chaos.
Abel encontró una hermosa piedra. Ella brilló para él, él se convirtió en Caín. Convidó sólo un destello, le quemó sus sales de plata y desapareció.
Sola su sombra en la pared otra vez. Caín lloró, sobre todo por el tonto de Abel, que se había enamorado.
Al paso con la masa, padeciendo la misma diversión, olvidando los mismos sufrimientos, las cosas aún pueden cambiar (buena razón para no dejar de caminar). Pueden cambiar cuando tenemos la oportunidad de saber de Borges, o de saludar a un tipo que al son del 2x4 comparte sus penas, cantando también con su cuerpo y con sus hilos (única forma de cantar).
En la línea infinita los puntos se apagan, abruptos o progresivos, satisfechos o truncos, siempre se apagan. No se hace caso a las ambiciones y se apagan, ni a lo justo, ni a la conveniencia, ni al desprecio. Si estamos fuera o somos parte parece igual. Sin orden ni programa, pero implacables, se apagan.
Cristal se mueve con seguridad, puede deslizarse sobre el suelo y jugar con la gravedad. Su paso es firme, sí, pero sus ojos titubean. Es que le parece que el mundo va demasiado rápido. A veces siente miedo, cree que el mundo torrentoso puede perderla. En esos momentos le da calma aferrarse a un alma cálida, inventar una cápsula y olvidarse del mundo. Así lo elige, pero algo continúa escuchándose disonante. Entonces se pregunta al espejo si vale pagar con su posibilidad de vuelo un estático y atrapante (aunque cálido y confortante) nido.
"Puede existir el nido, el convidar y ser convidado y no por eso dejar de volar". Le ofrece un color Almendra, que parece sabe de espejos.
- Cada uno no dará al otro aquello que posee, y mucho menos lo que no-
- Nos cuidaremos de pedir, ofrecer y adjudicar por fuera del reglamento.
- Quedará prohibido todo tipo de cariño verdadero, excepto esté dirigido a un tercero que no interfiera en el acuerdo y que nada tenga que ver con el segundo.
- Toda la relación descansará sobre esquemas técnicos escritos sobre papel (que deberán ser memorizados)
- Deberán dar lo mismo los días pares e impares, los lugares, el clima, salvo porque no deben repetirse: así no habrá recuerdo emotivo alguno.
- Quedará fuera del orden cualquier tipo de asociación a melodías, perfumes, texturas, etc.
- Se establece un presente continuo absoluto, con la salvedad de un mínimo de futuro que garantice el pautado encuentro siguiente.
(estas reglas, y las que se añadan, garantizan el resguardo de cualquier sufrimiento)
- Y se comeran en pastillas, como comen los perros, porque terminara siendo mas sano y economico, o porque la vida sera de laboratorio Svor
Extraño sentir de un fuego que no quema. Su espectro, hipnotizante. Su densidad, mezcla contundente y etérea. Me vi envuelto en sus llamas y, puedo jurar, no me calciné. Sin embargo (la duda) traigo una calidez inextinguible.
Cómo ser la que crees que soy cuando ya soy otra aún cuando todavía soy quién pensás que soy.Almendra
Serví de espejo para ver quién soy.Espejo falible, con marco pensante, de cristales deseantes y artificiales destellos. Hacé de espejo sin creerte único ni total, sin creerte espejo. Tu mejor reflejo serás vos, tu ser para conocer y preguntarme quién soy.
No te rechazo a vos, sino a tus palabras estáticas, a las acciones vacías, las que invaden mi jardín sólo con viento, despeinándolo. No quiero grafemas de tinta sin alma, ni tus voces sin vos. Animate a escribir, a escribir en mí. Quiero eso, o nada.
Vení,
acá afuera es posible
mil espectros sensibles
matizan el soñar.
Vení,
acá afuera es pensable
hay deliciosos caminos
frutas por saborear.
Salí,
la estupidez y el letargo
te pasan la vida de largo
sinónimo de morir.
Salí,
Sol y Luna te esperan
amor y arte en la arena
transmutación del sufrir.
Vení (te invito)
eso y más es posible
aún el tiempo invencible
pudiéndolo compartir.
A Valeria le dijeron que era opaca, y ella lo creyó.
Ahora Valeria camina opaca, retiene la luz, jura que no puede brillar. Supone que vive por pura inercia (habla para espantar la demencia), ama por debilidad, es amada por confusión.
Inútil mirar al espejo, peor con los ojos cerrados
Inútil mirar al espejo, si se le dice qué mostrar
Inútil mirar al espejo, el espejo son los otros
(los otros pueden mentir)
Inútil mirar al espejo, la luz viene del alma
Hola cariño, sos insignificante. Sos una dulzura de lo más torpe que he visto. Tu querer es confortante, sólo un poco, mucho más es asfixiante. Igual te quiero, y te dejo estar acá a mi lado. Tal vez no lo merezcas, por ser vos es un regalo. ¿Dónde más podrías ir? ¿Al cielo? No cariño, allí van las estrellas, que saben brillar.
Un hombre hizo un pozo. Nadie se lo dijo, pero le dejaron una pala y empezó: profundo, como para llegar al centro, sin tener destino en realidad. Profundo, ensuciándose, sin pronunciar palabra. Profundo, muy profundo, hacia lo oscuro.
Su límite fue el agotamiento, que lo desvaneció.
Cuando volvió en sí quiso salir, tarea para la que nada había preparado. Entonces lo invadió la desesperación y la asfixia, sintió su mugre y su ceguera.
Así está el hombre, mirando al suelo (aunque dá igual), deseando salir, sin desear hacerlo, o tal vez sin saber. Enajenado, sin pensar, imposibilitado de hacer (para él).
Cierta vez le gritaron que use la pala para abrirse camino en diagonal hacia arriba. Cada vez que pienso en hacerlo, llueve contestó. La voz atinó a decirse pobre, y siguió
Una mujer en un colectivo. Tres hombres la miran. El viejo que está al lado se le queja del calor y habla no se qué del tiempo. Ella hace una mueca y agarra el celular como para estar ocupada. El que al pasar le había dicho qué "linda que sos", la mira desde unos asientos más atrás mientras piensa: "esas minas son de cuento, no pidas ni sacarle el nombre". El tercero, escribe.
Mi ser en partes, formando una unidad acrisolada. Partes que son pedazos, pedazos no espaciales. Son partes sustanciales, que se forman de otras, más pequeñas o más grandes. Pero no son un rejunte, ni un puzzle bien armado. Son una fusión de las sombras de otras esencias. Eso soy yo.
Mi metáfora ahora vale porque tiempo atrás te llamaron estrella. Un instante de vos (en el cielo o en el suelo): como un impacto sensorial, estilo de estela alucinante. Recibí cierta eternidad espectral, y los segundos fueron dos.
"Sin saber cómo ni porqué caí en su hechizo (hechizo pensado, hechizo reflexionado…)… quizás fue vulnerabilidad, quizás necesidad… pero la realidad es que no encuentro disolverlo… y aunquea veces quiero y a veces no… no encuentro razón suficiente para desprenderme de este encantamiento que ya no necesito… pero deseo.
¿Podrá el amor ser más grande que la razón… y hacer que el hechizo sea igual para los dos? ¿Podrá el encantamiento ser tan cruel? ¿Son tan difíciles las cuestiones del querer?
Preguntas sin respuestas… ya que el hechizo no me deja responder… ni quiero hacerlo… ni deseo hacerlo… de todos modos seguiré encantada… encantada por alguien no correspondido que sabiendo que me hechizaría no es capaz de desilusionarme para que mi alma no siga sufriendo…"
La razón suficiente para desencantarse debe ser un punto intolerable de estupidez. Pero uno no quiere creerlo. Es más: uno ni siquiera quiere desencantarse, quisiera que el hechizo fuese mutuo... Hasta que, muchas veces, se llega a un estado mezcla de aburrimiento y amargura: un buen momento para que aparezca otro personaje en escena.
Todo tiempo futuro será mejor, pensaba sin darme cuenta. Y no está mal sostener la ilusión de un buen porvenir, pero “ lo que pase ahora debe ser interesante, no [siempre] menos interesante de lo que vendrá” me dijo la Mujer Guionada, y me hizo ver.
La esperanza de un futuro providencial es necesaria (sobre todo cuando el presente parece adverso). Sin embargo para poder vivir se impone mirar el presente: para disfrutarlo, para saborearlo...
El futuro, eterno, puede ser inalcanzable. Y nosotros, fugaces, podríamos desperdiciarnos mirando sólo para adelante
"como siempre me costaba mucho menos pensar que ser”
Cortázar, en boca de Oliveira.
Lucila escuchó atentamente cuando no se quién le dijo que había leído, en no se que libro de verdades, que “la vida es demasiado importante para andar pensándola, más vale vivir”.
Al principio, quedó maravillada por la frase: la divulgó por varios rincones, incluso antes de ponerla en práctica.
Pero en un momento, Lucila, quién ya había sido convidada con el pensamiento complejo, empezó a percibir algo raro en esas palabras. Quiso preguntarle a la frase qué quería decir con “pensarla”, y qué pretendía con “vivir”. Sin embargo la frase no hablaba sola. Buscó a su amigo, quien hablaba más que la frase aunque se negaba a cualquier esfuerzo filosófico repitiendo su frase-verdad. No le fue mejor con el libro: había tantos libros-verdades que le resultó imposible encontrarlo.
Cuando me lo contó, nos empezamos a preguntar si a veces resultaba inútil pensar. Desechamos la pretendida dicotomía vivir-pensar (¿acaso pensar no es parte del vivir?) y coincidimos que pensar se volvía poco (o nada) eficaz cuando había que hacer, y ahí sí valía la frase de Oliveira. Y por otra parte era estúpido pretender vivir sin pensar.
Después, pensamos dos cosas más:
- es genial poder pensar sobre lo que se hace o debería hacer, pero cada tanto tomamos convicciones momentáneas, cosa de que se pueda pasar a la acción, y no vivir toda la vida teorizando.
- pensar (en el sentido de imaginar) la vida no tiene un sabor ni parecido a vivirla (en el sentido de que tenga una realidad concreta), se podría decir que ni siquiera tiene sabor.
Nadie te sacudió los hombros cuando aún era tiempo. Ahora, la arcilla de que estás hecho ya se secó y endureció y nada más podrá despertar en vos al místico adormecido o al poeta o al astrónomo que tal vez te habitasen.
Antony de Saint Exupery
Exupery, yo lo perdono, usted no sabía (de mí) Qué pena (!) usted escribía (Pero discúlpeme), usted no entendía ni de arcilla, ni de psicopedagogía.
Yara Stela Rodríguez Alvear
Y no es para exponer al amigo Exupery, es que se había olvidado del arte y el amor...
Sin mucha acción, bastándote con ser, pasaste de ilusionista a hechicera (por no decir bruja). De otra forma no podría explicarse mi encantamiento. Apenas insinuando una probabilidad ínfima (o dejándomela creer), apenas sonriendo, caí como un idiota en el hechizo más viejo del mundo. Esto habla de la simpleza de tu encanto. Y puedo decir también de la eficacia: acá me ves, intentando saciar la sed de un conjuro con inmóviles palabras, enmudecido…
La mujer ilusionista, mitad por predicción, mitad porque era conciente de sus conjuros, escribió esto antes de leer la segunda parte…
Me presenté como ilusionista, tal vez porque así alguna vez me nombraron. Esperaste magia y espectáculo, y recibiste promesas inconclusas. Permitiste una estafa, que nunca busqué. La intención era hechizarte, y caí en mi propia trampa.
Te asumía como ilusionista: esas fueron tus palabras, y quise creerlas. Desde entonces no te ví hacer ninguna magia, ni supe de algún espectáculo que ofrecieras. La ilusión era en realidad hacerme creer que eras tal cosa. Pero resulta que sin trucos no hay profesión que sostener, y tus palabras, suficientes primero, caducaron al rato. Fue una estafa (que yo permití)
Te invito a matar el tiempo, cambiando aburrimiento por derroche de diversión. Aunque el tiempo es invencible. Dudo que con armas mediocres podamos hacer más que renegar de él.
Mejor te invito a suspender el tiempo, dejándolo fuera de nuestras conversaciones. Pero ya vimos cómo se impone, cómo al ignorarlo nos embiste luego con vehemencia, vengativo.
Podríamos entonces pasar el tiempo, haciendo como una tregua sumisa, a cambio de un transcurso placentero. Sin embargo, mientras lo digo, pienso: qué lugar hay más allá del tiempo para que nos convenga trascurrirlo como siervos tontos.
Debería haber un punto en el que no se ignore al tiempo, donde tampoco nos someta. Un punto en el que, a mérito del arte, se coloque al transcurrir entre paréntesis, para que podamos jugar con él. Y donde se acepte lo grandioso de sus límites, porque basta imaginar a las cosas como eternas, para darse cuenta de que no serían lo mismo.
Asmodeo: Soy Asmodeo, inspirador de tahúres y dueño de todas las fichas del mundo. Conozco de memoria todas las manos que se han repartido en la historia de las barajas. También conozco las que se repartirán en el futuro. Los dados y las ruletas me obedecen. Mi cara está en todos los naipes. Poseo la cifra secreta y fatal que han de sumar tus generalas cuando llegue el fin de tu vida. Salzman: ¿no desea jugar al chinchón? Asmodeo: No, Salzman. Vengo a ofrecerte un triunfo perpetuo. Con sólo adorarme ganarás siempre a cualquier juego. Salzman: No sé si quiero ganar. Asmodeo: ¡Imbécil…! ¿Acaso quieres perder? Salzman: No. Tampoco quiero perder. Asmodeo: ¿Qué es lo que quieres entonces? Salzman: Jugar. Quiero jugar, maestro… Hagamos un chinchón.
Muchas veces uno quiere estar acompañado, no sentirse solo, tener alguien al lado y justamente es ahí donde se nos plantea la confusión; no sabe…si está con el otro porque es alguien que ocupa un lugar, o porque realmente lo queremos y elegimos estar por lo que nos pasa.
Hay momentos de nuestra vida que nos cuesta dilucidar eso, y el tiempo corre, seguimos, nos empecinamos a querer seguir…pero al final, el tiempo, ese tiempo que pasa y nos da respuesta a todo, nos hace ver, que simplemente estábamos con esa persona y nos aferrábamos a ella, por el solo hecho de no estar solos!
Y entonces pensaba en la cantidad de matices que hay entre esa forma de ser que podemos tener y la otra, la del lobo estepario...
Fue una combinación: la fiebre, el aire frío, la oscuridad, la mente en blanco arrojada de repente al mundo. Fue un instante. Pero no fue una alucinación. Caí bruscamente en mi cuerpo. Me posicioné detrás de mis propios ojos. Sentí una especie de omnipotencia a la vez de una absoluta indefensión. El sabor fue de estar vivo.
Entonces sonreí …
… y morí” me gustaba como final. Pero resulta que sigo acá, y ahora no me puedo olvidar de que estoy vivo.
Amanda sostiene la copa. De a sorbos lentos la acaba y se vuelve a servir. Amanda, tirada en el sillón, piensa en un hombre. Cree que su vida estaría completa al compartirla con él, o al menos se sentiría muy bien. Amanda siente hastío, le aburre hasta la bebida dulce. Lo mejor, decide, es ir a dormir. Amanda se despierta cada día para ir a trabajar. Cada día que sale tiene la incertidumbre entre ceja y ceja. Pensará al salir que le falta algo, pero las cosas inútiles que debe llevar las carga consigo. Toda la vida -toda la que vivió- estuvo envuelta en una tibieza agradable. Hubo altibajos, claro. Ahora esa pasividad se volvió insoportable, insostenible. Sospecha que no está preparada para vivir algo más intenso, aunque la seduce un poco la idea. Amanda es fiel a sus sentimientos, pero vulnerable a la vacilación. Eso lo sabe, y toma recaudos. Mantiene la rutina para no exponerse (y es una estrategia que le sale bien). Noches después, Amanda sostiene la copa, de a sorbos lentos la acaba, y se vuelve a servir.
“Paso el tiempo pensando qué será,
[pero] siempre ha sido como no te imaginás”
Flasheadito, Los Tipitos
De las dos (cuatro) formas extremas que ocurra, no tiene mucho sentido: Si se vaticina lo peor.
Puede que ocurra. Entonces podría pensarse que uno ya estaba preparado (pero, ¿qué ridiculez es eso de estar preparado?) Puede que no ocurra lo peor. Así, al saberlo, sería un alivio (pero, ¿quién se pellizcaría para luego disfrutar del no-dolor?)
Si se profetiza lo mejor.
Puede que no ocurra lo mejor. Así la fantasía, podría creerse, permite algo de placer antes del dolor (pero, ¡me resulta un placer tan anodino!) Puede que ocurra lo mejor. Entonces, uno estuvo contento todo el tiempo (pero prefiero el riesgo y la posibilidad de una grata sorpresa)
Acabo de escribir esto y me resulta sensato. Sin embargo no me logro prometer hacerme caso...
El deseo de tener sobre las cosas, por sí solo, es insaciable. No por el hecho de que el deseo muta su fin (aunque esto es válido). El asunto es que el deseo omnipotente de tener querrá las cosas dadas, y de esa forma, no las tendríamos realmente: para poseer algo, hay que hacer algo por ello (y que resulte)
(y no es que responda al precepto social “debes esforzarte para conseguirlo”, sino que creo que para poder tener algo, hay que asumir la falta y hacer lo humanamente posible para poseerlo)
(Difícil que encuentres otro amor como el mío. Podrías encontrar otros más hermosos, otros que te hagan mejor. Ninguno como el mío)
Y si aún con todo a la vista lo desperdicias, sabé que lo estás haciendo. Elegí desperdiciarlo. Sin culpa, sin lástima, sin miedo. SI verdaderamente elegís te sentirás felíz. Y yo algo amargado, cierto, aunque podría consolarme escribiendo algo...
Pero si no elegís, no llames necedad a mi intento de enamorarte.